Era el verano de 1980 y decidimos salir de vacaciones. Nos habían hablado del Balneario de Alhama de Aragon, en la provincia de Zaragoza, y tomamos la decisión
de ir una semanita.
Mi sorpresa fue mayuscula al descubrir la maravilla, tanto del balneario como su entorno. Sin duda es una de las bellezas de la naturaleza que hay que descubrir.
Fue una semana estupenda; paseamos por sus alrededores, nos relajamos en ese entorno que inspira una paz y una tranquilidad inexplicables, hicimos excursiones y, lo mejor de todo, estuvimos todos juntos.
La gastronomía de la zona me gustó muchísimo, así como sus gentes, abiertas, acogedoras, cordiales; en fin, todo lo que buscas cuando vas a conocer nuevos entornos.
Fueron una vacaciones geniales. Lo más triste fue cuando llegaron a su fin. Tuvimos que regresar a la vida cotidiana, pero esperando poder regresar alguna vez, porque fue maravilloso.
M.Angeles Gabaldón
martes, 15 de febrero de 2011
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